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Ética (y dianoética) del desarrollo humano


Por Felipe Correa*


Los economistas tenemos varios vicios profesionales. No somos la única profesión con vicios, muy probablemente, pero cada profesión debe mirar más bien su propia viga paja en el ojo. De entre los muchos vicios que ha mencionado la literatura de sociology of economics (para una buena síntesis al respecto, ver Kirchgaessner (2005)), posiblemente uno de los de mayor consecuencia social sea nuestro involucramiento en áreas científicas que no son de nuestra competencia directa. Los economistas hablamos de salud, de educación, de discriminación racial, de democracia, de juegos de azar y de filosofía. Pareciera que hoy poco escapa a nuestros análisis. Y no sería problemático en tanto cada persona tiene sus opiniones personales respecto a cualquiera de estos temas y más. Lo problemático pareciera ser la intención de aplicar el razonamiento económico y las útiles enseñanzas de la ciencia económica a dimensiones humanas que consideran reflexiones que van más allá de las discusiones que los economistas normalmente mantenemos. Quienes piensan que la extrapolación puede hacerse de forma no problemática, podrán saber que hay una gran cantidad de elementos omitidos en el eventual análisis que los economsitas podemos hacer en otros campos del saber. Pues la ciencia económica simplemente no se hace ciertas preguntas que en otros campos sí se hacen, preguntas para las cuales la ciencia económica no tiene respuesta.


Algo como esto ocurre cuando se habla de progreso y desarrollo. La filosofía del progreso hunde sus raíces en la historia antigua de la humanidad. Y no solo la idea de progreso es muy anterior al surgimiento de la economía como ciencia relativamente autónoma, sino que el mismo ideario de progreso ha sido postulada de muy diversas maneras.


La idea de progreso y desarrollo no siempre ha contenido una esencia económica. Muchas filosofías hablan del progreso humano como un progreso moral. Otras hablan de un progreso espiritual o cultural. Otras, por supuesto, defienden un progreso técnico; otras, un progreso científico. La idea de progreso no se agota en la interpretación que la economía puede hacer de lo que sería un progreso económico (o un desarrollo económico).


Si entendemos como lo mismo el progreso que el desarrollo, es útil mirar la genealogóa conceptual del término "desarrollo", específicamente del "desarrollo económico". Si bien el concepto de desarrollo económico como tal puede encontrarse a principios del siglo XX (en el Pacto de la Sociedad de las Naciones y el Tratado de Versalles), es desde el término de la 2ª Guerra Mundial que la idea de desarrollo económico toma mayor fuerza (y también su homóloga, el subdesarrollo económico). A esto sigue el cuestionamiento que empieza a tener lugar en las décadas de los ’70 y ’80. Pues es evidente casi para cualquier persona que los intereses humanos no se agotan en los intereses económicos estrechamente definidos. Surge así, a principios de los ’70 y en el seno de las Naciones Unidas, el concepto de desarrollo humano. Del desarrollo económico de principios de siglo se llega al desarrollo human, a finales de siglo, como un proceso que involucra el aspecto económico pero que no se agota ahí.


Sobre el concepto de desarrollo humano se pueden decir varias cosas. Primer, que existen y han existido múltiples definiciones del término. Una de las más difundidas es la que en 1990 postularía el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo Humano a partir de la conceptualización que Amartya Sen hace de las capacidades: "El desarrollo humano es un proceso de expansión de las posibilidades de elección de la gente" (UNDP, 1990).


Por otro lado, la teoria de Amartya Sen es criticada por Martha Nussbaum a mediados de los '80, quien acusa una “falta de radicalidad” en la propuesta de capacidades. Apoyándose en una filosofía aristotélica, Nussbaum recuerda que el bien humano no instrumental, es decir, aquello que los seres humanos queremos por sí mismo y no como medio para otra cosa, es lo que los antiguos griegos llamaban la eudaimonía, y lo que hoy podríamos traducir como bienestar, felicidad o autorrealización. Y que en ese fin la razón práctica y la virtud tienen roles fundamentales. De modo que no sería correcto considerar las libertades como fin último del desarrollo (humano), como lo hacen Sen y el PNUD, pues la pregunta fundamental sería libertades para qué. La respuesta de Nussbaum, y de Aristóteles, sería libertades para llevar una buena vida, para tener un "buen vivir", para ser feliz.


Martha Nussbaum, sin embargo, nunca entroncó su crítica a la larga discusión sobre la noción de desarrollo. Pues la discusión con Sen ocurrió en 1987, mientras que Sen adoptó el término desarrollo humano a partir de 1989. De modo que las reflexiones aristotélicas de Nussbaum nunca fueron aplicados al concepto de desarrollo humano.


Esto es, parcialmente, lo que se intenta en un nuevo artículo publicado en la revista Ethika+ del Centro de Ética Aplicada de la U. de Chile. Clarificar cómo una interpretación de la ética aristotélica puede insertarse en una reflexión sobre el significado del desarrollo humano. En esta interpretación aristotélica del desarrollo humano, una ética del desarrollo consistiría en hacer surgir la virtud humana en los asuntos relacionados a los placeres y los dolores, de modo que las personas puedan distinguir cuáles son los objetivos que valen la pena conseguir de forma no instrumental, y cuáles de forma solo intrumental. La virtud ética, asegura Aristóteles, nos da ese poder para percibir los objetivos que valen la pena, y no perdernos en objetivos secundarios como la fama, el dinero o el placer del cuerpo.


Por otro parte, una dianoética del desarrollo sería, en última instancia, el desarrollo de esa parte de la mente humana que posee la razón de forma activa, que proporciona los medios para ejecutar las acciones que llevan al bienestar y la felicidad, y también, la parte que permite adquirir el conocimiento y la intuición. La dianoética se complementa con la ética, siendo ambas necesarias para avanzar en el desarrollo humano.


Esta interpretación aristotélica del desarrollo otorga, así, un lugar fundamental a una ética del desarrollo, no pudiendo estar la reflexión ética separada de la reflexión sobre el desarrollo.


La interpretación que el artículo ofrece encuentra eco en lo manifestado por otros filósofos del desarrollo, especialmente la propuesta de una ética del desarrollo de Denis Goulet, en el sentido de que no puede existir desarrollo sin reflexión ética.


Finalmente, ¿cómo se avanza en la incorporación de la ética en la práctica del desarrollo? El artículo da algunas luces a partir de la teoría aristotélica: la política, la economía, la educación, la costumbre y la legislación son medios para desarrollar la virtud ética y dianoética, convirtiéndose estos elementos en aliados que pueden ser tenidos en cuenta a la hora de problematizar y abordar los obstáculos que hoy encontramos en el avance del desarrollo.


Referencias

  • Correa-Mautz, F. (2021). Los medios para el desarrollo humano: Ética y dianoética del desarrollo. Ethika+, 3, 19-40.

  • Goulet, D. (1965). Ética del Desarrollo. Barcelona: ESTELA-IEPAL.

  • Kirchgaessner, G. (2005). (Why) Are Economists Different? European Journal of Political Economy, 21(3), 543-562.

  • UNDP (1990). Human Development Report 1990. New York/Oxford: Oxford University Press.


*Felipe Correa es economista y magíster(c) en filosofía. Actualmente es coordinador de la Escuela Latinoamericana de Estudios del Desarrollo (ELADES).

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